
Dormida
Meciendo,
mi carne,
meciendo a mi hijo,
voy moliendo el mundo
con mis pulsos vivos.
El mundo, de brazos
de mujer molido,
se me va volviendo
vaho
blanquecino.
El bulto del mundo,
por
vigas y vidrios,
entra hasta mi cuarto,
cubre madre
y niño.
Son todos los cerros
y todos los ríos,
todo lo creado
todo lo
nacido ...
Yo mezo, yo mezo
y veo
perdido
cuerpo que me dieron,
lleno de sentidos.
Ahora no veo
ni cuna ni niño,
y el mundo me tengo
por desvanecido ...
¡Grito a Quien me ha dado
el mundo y el hijo,
y despierto entonces
de mi propio grito!
(In "Ternura")
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